Pierrot y el arlequín.

Las lágrimas del payaso triste.

“pero doctor yo soy pagliacci”

Allan More “watchmen” 1986.

Cuando se piensa en la comedia no se puede sino imaginar a un payaso, pareciera si acaso un chiste de mal gusto pero en el gran imaginario del colectivo al mencionar la comedio la mente del populo revienta la tapadera de una metafórica caja infantil a la que han girado la manivela demasiado rápido e impulsado del interior salen ensartado en un resorte el inconfundible payaso, ¿si tan solo los grandes maestros de la comedia griega como Aristófanes vieran que su género parece quedar reducido al de este bufón moderno qué pensarían?

Pero en realidad la comedia incluso reducida al payaso es un género tan complejo que no puede sino estar preñado de matices; cuando se piensa en la comedia salta a la vista la imagen del payaso: un señor alegre con ropa colorida y maquillaje exagerado con mil y un artefactos que le faciliten la extracción de rizas, porque su único propósito es la felicidad, pero… entonces surge la pregunta ¿Por qué el payaso siempre que se maquilla se dibuja una sonrisa? Porque tal vez no este sonriendo. En 1962 Guillermo Silveira pintaría el payaso melancólico, un típico payaso de la calle pero cuyas comisuras apuntaban hacia abajo; a día de hoy esa sigue siendo una imagen potente porque rompe con las expectativas y hace cuestionar al autor mucho sobre la pintura y lo que hay detrás de ellas, pero Silveira no fu el primero en plasmar la triste imagen de un bufón triste, en 1862  Juan Matejko pinto un cuadro al que simplemente bautizo como “Stanczyk” ni más ni menos que el bufón más famoso del medievo empleado por tres reyes de Polonia, pero en el cuadro Stanczyk no está sonriendo, no está bailando o haciendo malabares con fruta frente al rey, no, el está sentado con la cabeza baja en una sala oscura, su traje rojo contrasta con la oscuridad que le envuelve, esta tan cabizbajo que incluso sus facciones se ensombrecen, y es que además su mirada apunta a sus manos recargadas en su regazo y con los dedos entrelazados; lo que podemos identificar como la clásica postura de derrota, de resignación, cuantas veces no se ha visto esta misma pose en un velorio. Pero la pintura de gente triste abunda por montones, pero los payasos tristes parecen llamar nuestra atención, y es que resulta ser una imagen discordante, que fuerza al cerebro a realizar una interpretación más allá de la que hace en piloto automático y entonces… entonces el payaso recobra su humanidad.

Adam Sandler es posiblemente uno de los actores más odiados en Hollywood, y las razones abundan, pues a construido una exitosa carrera en base a una muy larga lista de largometrajes que pecan de denigrar la comedia hasta límites que ni siquiera se pensaban posibles, sus personajes siempre son los mismos película tras película, sus tramas son simples, sus guiones torpes, y la crítica hace mucho que no le da una calificación arriba del cinco, hasta hace poco, con “Uncut Gems” en 2019 donde realizo un más que decente drama, pero mucho antes que eso había hecho otra película en la que interpreta al propio payaso triste. “funny people” en esta cinta Sandler se interpreta a si mismo solo que con otro nombre; una envejecida estrella de cine de comedia cuya carrera nadie se toma enserio pero que le ha hecho rico, y aun así teniéndolo todo Sandler llora, el sonido de las carcajadas se vuelven en algo monótono, las criticas  cada vez calan más pero el gran problema es que detrás de los estúpidos personajes que interpreta en sagas absurdas cuando regresa a casa se ve tal como es , lo que le rodea y la imagen no le gusta, al final la película cierra con un tono amargo, el payaso no recupera su sonrisa pero si le pasa el maquillaje a otro. Lo realmente triste es que mientras el payaso tenga una sonrisa pintada nadie sospechara que tan triste esta

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