!Pobre Pierrot!

 

¡Pobre Pierrot!

 

La razón de una lágrima negra se esconde detrás de un eterno triángulo amoroso. El payaso y el bufón en una constante rivalidad por Colombina son retratados desde hace tiempo en el arte y así mismo han ido evolucionando a través de este. Obras como Pauvre Pierrot representan esta relación. Una lucha siempre tiene un ganador y un perdedor y el perdedor tiende a repetir el ciclo, no importa las veces que toque la vieja melodía en su mandolina, será incapaz de levantar al pintor de su tumba, de conquistar a la mujer que ama. Un anhelo negado por una fuerza opositora, negado por un Arlequín.

El Arlequín aparece como una suerte de resistencia, a un deseo o a un golpe de suerte, de aquellos que rara vez da la vida, aquellos donde el destino, el universo o lo que sea que de sentido y fuerza a la vida decide recompensarte por lo que has luchado. Una resistencia que te devuelve a un largo y ventoso camino que te lleva a buscar una vez más cumplir el afán del que te crees merecedor. El Arlequín se esconde tras la columna mientras, como una melodía, ejecutas un esfuerzo por alcanzar a Colombina y es entonces cuando golpea por detrás. En ese sentido nos transformamos en el payaso de la lágrima negra y, al menos una vez, lo experimentamos.

Todos hemos sido Pierrot. Vivimos de sueños, sueños que alimentan nuestra existencia y que buscamos, en muchas ocasiones, cumplir desesperadamente. Como Pierrot, ponemos la pasión y el sentimiento en alcanzar uno de estos deseos los cuales no siempre son correspondidos de la manera en que uno pensaría. En la ingenuidad de la esperanza, la imaginación proyecta a la persona en el lugar en que quiere estar y, por descuido o por una ignorancia autoimpuesta, se tiende a olvidar las tretas de la vida. Colombina hace caso omiso a los caprichos propios, en ocasiones, se rinde a sus propios antojos.

Colombina es la meta, una meta en constante cambio que, si bien no siempre somos merecedores de ella, en algunos casos somos capaces de hacer que la melodía de nuestra mandolina llegue a ella. Cuando esto sucede, empieza de nuevo el bucle pues, un solo sueño no es suficiente; vivimos de sueños y anhelos, cuando uno es por fin cumplido, requerimos comenzar con otro, esto, en un pasaje que necesita ser repetido para darnos un propósito.

Finalmente, todos podemos identificarnos con el personaje que tanto ha aportado a la figura del payaso y del mimo en quien vemos una figura de derrota, pero también de perseverancia en una trinidad entre deseo, fracaso y suerte. Un ciclo constante donde una vez conquistada Colombina volvemos a recorrer el camino para alcanzar a otra Colombina que, si bien es diferente, se desea con la misma intensidad.

 

León Felipe Ramírez Martínez

 

Comentarios

  1. Me pareció interesante que en tu ensayo abordaras el tema de un deseo que constantemente se busca, y que no se alcanza. La búsqueda por obtener el "objeto deseado" es un acto de repetición. Me gustó mucho tu ensayo, sobre todo la introducción y el cierre. Tu frase de inicio es muy linda.

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  2. Me gustó la idea del ganador y el perdedor. No lo había notado, pero ahora que lo mencionas es muy claro y me doy cuenta de que siempre ha estado ahí. Resulta injusto que en la vida tenemos que ser uno cuando buscamos el amor de nuestra Colombina.
    Me gustó tu ensayo.

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