Preludio a los Aquelarres

El vino colma las venas de sensualidad. Dionisio, el dios del vino y la fertilidad, fue aquella deidad que le ofreció a los griegos un descanso de los rituales de Apolo. La “bacanal de Adrios”, del pintor italiano Tiziano, ejemplifica aquellas celebraciones al desenfreno, que, con la llegada del cristianismo, devinieron en las adoraciones a Lucifer. De cierto modo, la obra del renacentista es un preludio al “Aquelarre” de Francisco de Goya. Para los cristianos, la sensualidad es pecado, pero para los griegos, tanto hombres como dioses se dejaban llevar por ella. 


Las deidades griegas, al igual que los humanos, están llenas de imperfecciones. Zeus, el padre de los dioses, se enamoró de la mortal Sémele, quien quedó embarazada. Hera, en venganza, se disfrazó de una anciana y aconsejó a la hija de Cadmo que su amante la engañaba. Sémele confrontó al padre de su hijo para que le mostrara su verdadera identidad. Zeus accedió a sus deseos, pero los rayos calcinaron a la mujer. Para salvar la vida del feto, Hermes lo cosió al muslo de Zeus para que terminara de desarrollarse. Así, Dionisio no solo nació dos veces, sino que se transfiguró en un dios a través de la sangre y carne de su padre. Después de su nacimiento hubo que protegerlo de la vengativa diosa, por lo que fue convertido en cabra y cuidado por ninfas; y en otras ocasiones disfrazado de niña. A pesar de que fue asesinado muchas veces por Hera, siempre resucitaba. Dionisio es un dios de la fertilidad, sus numerosas muertes y resurrecciones simbolizan el nacimiento anual de las vides. Cuando alcanzó la adultez, Bromio viajó por Europa, África y Asia, junto con su séquito de ménades y sátiros, para propagar el culto al vino. De vuelta a Grecia, Hestia le cedió su lugar en el panteón olímpico. Así se convirtió en uno de los principales dioses.


En la naturaleza de Bromio existe cierta brutalidad. Penteo, rey de Tebas y primo de Dionisio, se negó a que el culto al vino se instaurase en la región, y tampoco quiso reconocerlo como una nueva divinidad. En venganza, enloqueció a las mujeres del reino. Descuartizaron al rey. El temor hacia la ira del hijo de Zeus provocó que sus ditirambos –festividades donde se cantaba y bailaba mientras se fabricaba vino– fueran recibidas con respeto. Eso, y además que el vino proporcionaba un descanso a las preocupaciones y deshinibía el cuerpo. Estas celebraciones no solían ser bien vistas, pero tampoco podían ser despreciadas. Más tarde, los ditirambos se transformaron en las tragedias. Una de las cualidades más importantes del dios es la transfiguración. El vino es el medio que conduce al hombre hacia un estado de locura y éxtasis; en el teatro, la transfiguración ocurre cuando el actor se transforma en otro. A pesar de la brutalidad, el dios se mostraba generoso con aquellos que lo honraban. 


La benevolencia del dios está caracterizada en el cuadro “La bacanal de Andrios”. La escena transcurre en la isla de Andros. Sus arroyos son vino y de ella los personajes sacian su sed, mientras unos bailan y otros conversan. La alegría sensual que provoca Baco llena la obra. En la esquina inferior derecha se puede observar una figura femenina. Posiblemente se trate de Ariadna, a quien Dionisio encontró varada en una isla tras haber sido abandonada por Teseo. En el fondo del cuadro hay un navío, que podría indicar que en él va el héroe griego. A Ariadna, dormida y en una posición erótica, el elixir de Bromio la ha hecho olvidar el abandono de su amado. Si se pudiera resumir en palabras el cuadro de Tiziano, podríamos hacerlo con las palabras del poeta griego Eurípides: “…el hijo de Sémele. Inventó la bebida fluyente del racimo y se la aportó a los humanos. Ésta calma el pesar de los apurados mortales, apenas se sacian del zumo de la vid, y les ofrece el sueño y el olvido de los males cotidianos. ¡No hay otra medicina para las penas!” (Las Bacantes).


Pero el vino ya no sublima el erotismo ni calma los pesares, sino que limpia el pecado del cuerpo. Con la llegada del cristianismo, muchos cultos fueron absorbidos, cambiando su sentido religioso. Otros, como las bacanales, debido a su naturaleza fueron mal vistos y prohibidos. Estas se convirtieron en aquelarres, y la imagen del dios griego se fusionó con la de Lucifer, el ángel caído que se rebeló contra Dios. Aunque pintada a finales del siglo XVII, en el “Aquelarre” de Goya se aprecia qué fue de las celebraciones a Dionisio. Las que solían ser las hermosas bacantes y ménades se transformaron en brujas afeadas, devoradoras de niños. En el centro, lo que antes era un joven hermoso de mejillas sonrojadas, es ahora un macho cabrío antropomorfo. Una fiesta dedicada a olvidar las penas y a colmar el cuerpo de éxtasis se convirtió en una fiesta que celebra la maldad. Sin embargo, sea representado por un ser diabólico o un dios helénico, la sensualidad siempre será parte de la naturaleza humana. 


En la locura también hay belleza. Dionisio, para los griegos, representaba el éxtasis, la liberación sexual –especialmente la femenina–, la alteridad y la fertilidad. La locura sexual estimulada por el vino emana cierta belleza, que Tiziano representó en su obra, pero fue su lado brutal lo que horrorizó a los cirstianos y la consideraron un culto al diablo. Todo tiene un opuesto, y para el control de las pasiones y los instintos, su contrario es Satanás –un Baco fusionado–, pues él nos lleva a dejarnos llevar por los sentimientos corporales. El cuerpo no debe sentir placer, pues es pecado. La sangre de Cristo limpia el pecado del cuerpo, pero la sensualidad es algo que no puede limpiarse. 


Susan Vázquez Mellado Camarillo


Comentarios

  1. Me encanto tu ensayo. Me gusto en especial la forma en que escribiste la historia del origen del dios Baco. Y la forma en la que incluiste al cristianismo y sus creencias del vino, que el placer es un pecado y como es que la imagen del dios griego se convirtio en Lucifer.

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