Tira los dados
Dale a un niño una ficha y no tardará en preguntar donde está el tablero. Algo que los niños olvidan es que al tirar los dados uno puede adquirir grandes enseñanzas, aun así, algunos no tan afortunados no logran obtenerlas. Pero no se les puede culpar, pues los juegos de mesa están plagados de grandes retos, ocultos a lado de dibujos agradables, tras patos y flores. El juego de la Oca, así como muchos otros, entrena a los niños para que el hecho de caer en un pozo no siempre signifique el final. Demuestra que de una forma u otra quien este a tu alrededor se preocupara por sí mismo y es momento de que tú también lo hagas. Es similar a lo que sucede con la vida y, en este caso, la cita de Juan José Millás comienza a cobrar sentido, “La Oca es un juego terrorífico, y por eso mismo educativo”. Si de juegos como la Oca se puede aprender, es importante motivar a los niños a jugar.
Claro, es bien conocido el hecho de que no todo el aprendizaje proviene de las instituciones escolares. Hay experiencias que nos enseñan del otro lado del muro, en la casa de la abuela o en la cafetería del segundo piso. Sobre todo porque es más sencillo aprender, si no se es consciente de que se está aprendiendo. Juegos como La Oca nos invitan a observar, a pensar en el siguiente movimiento y prever posibles situaciones y sus soluciones. La tensión se presenta cuando lo inevitable toma posición y nos encontramos en un punto donde las opciones son saltar o esperar. Ante un juego como este, la inminente llegada del terror es bienvenida sin previo aviso, de un momento a otro, perdemos la ilusión de llegar al final siendo el primero. Juegos terroríficos cuyo propósito ciertamente no es el infundir terror y que, sin embargo, logra provocarlo. No te duermas, estás jugando.
Es momento de dar a entrada a los rivales que están disfrazados de ovejas y ríen junto a ti. Es bueno imaginar que cuando se es demasiado pequeño no se cree que la persona a tu lado puede traicionarte. En los juegos de mesa no hay amistades y mucho menos personas que tiendan una mano sin recibir beneficios de ello. En algún momento eres la persona a quienes han traicionado y en otro, la persona que traiciona. Quizá en el juego de la Oca este postulado no muestra acto de presencia, pero si se muestra en algunos otros juegos. El propósito es advertir que se tiene que jugar solo, que eres tú quien debe llegar al final y no por el mérito de alguien más. A pesar de que una o más personas compartan la misma mesa, la luz se enfoca a ti y el mundo solamente está esperando el momento en el que llegues al final. El horror de ser observado está escondido en fichas de plástico barato.
El adulto desea ser el niño que juega y el niño ser el adulto que observa. Porque, ¿quién no desearía volver a los juegos de niños?, a los momentos en los que la vida se resume en una ficha de un juego de mesa. Quien observa el juego descubre que detrás de él se esconden destinos terroríficos, uno tras otro. Porque la parte podría se ha extendido, contagiando todo a su paso. En cambio, el niño que juega, demuestra que su interés no es tanto el ganar, sino pasar un buen momento. Todo correrían a jugar, a dejar el adulto funcional para convertirse en el niño inquieto, en el próximo ganador. De ser posible, dentro del cajón de cualquier oficinista las orillas del juego de la Oca podrían ser visibles. De eso se trata el jugar juegos de mesa, de olvidar por un momento que la vida afuera es un desastre.
Pequeños juegos que esconden grandes significados, se siente como investigar sobre sectas ocultistas. Cuidado, a la vuelta puedes ser invitado a una. El juego de la Oca arrastra cadáveres en sus laberintos y tristeza en sus prisiones. Tirar los dados ya no es un simple acción, es la lanza del destino, si no tienes cuidado, la punta puede lastimarte. Encontrar en un juego algo terrorífico y educacional es algo que solo Juan José Millás puede hacer, después de expresarlo, a nosotros se nos encarga el averiguar el porqué. Si es difícil averiguarlo rápidamente, tal vez haga falta tirar un par de dados.
Gabriela Noemy Chávez Pacheco
Comentarios
Publicar un comentario