Atípico

Atípico

            Entre las multitudes las diferencias destacan y disgustan tanto que se vuelven aspectos incomprendidos entre el montón. El trabajo como una ocupación que va de sol a sol se le atribuyen ciertas características que permiten al hombre crear una imagen clara en la mente al escuchar la palabra trabajo. Sin embargo, al tener un estereotipo tan marcado del concepto, es difícil mirar a los lados para darse cuenta que ésta simple palabra abarca tantos aspectos que la imagen creada es solo el borde de un mar de ideas. Conociendo tan poco e ignorando lo ajeno, las palabras fluyen y a veces devalúan o excluyen aquello que se desconoce o se percibe como diferente convirtiéndose en un ciclo aparentemente interminable. Y a pesar de éste constante malestar para algunos, siempre se puede abrir paso ante las cuestiones absurdas para afirmar que estamos trabajando aún si no es como se imagina.

            Desde la niñez el trabajo arduo que implica fuerza, entrega y dedicación es señalado como válido. En cambio, un trabajo aparentemente fácil o carente de esfuerzo físico es menospreciado o calificado como una pérdida de tiempo. Aquellos que no mueren de cansancio al llegar a casa no son considerados como buenos trabajadores. Si el trabajo no implica un esfuerzo que padecer, carece de valor y reconocimiento. Sin embargo, el trabajo es más que un esfuerzo físico remunerado.

            No hace falta ir muy lejos para ver que el trabajo también está en las actividades catalogadas como sencillas. El vecino que sale a trabajar a una fábrica es tan buen trabajador como aquel que va a la oficina, o como el artista en busca de una nueva creación. Todos y cada uno de ellos realizan actividades que requieren de tiempo, mismo que es aún más valioso que cualquier objeto material porque jamás regresa. Pero esto se olvida con facilidad, ya que en escasos segundos unas palabras de fondo quiebran los momentos de paz de quienes trabajan en el silencio de la tarde. Para mirar con desdén o afirmar la pérdida de tiempo y la falta de movimiento o trabajo a quien silenciosa e inusualmente trabaja mirando por el borde de la ventana.

            Porque aún en la quietud de la tarde con solo respiraciones de fondo se está trabajando. Y aún si este trabajo es descalificado un millón de veces, unas cuantas palabras no eliminan el valor que posee como trabajo. Incluso a veces la complejidad de ordenar las ideas y plasmarlas con claridad resulta tan abrumador que el trabajo se siente como un martirio. Y el reproche detona un mar de emociones en el que la indignación reluce para defender el trabajo que se está despreciando. Para recordar que el trabajo también está en los momentos de silencio y contemplación. Que no se reduce a una imagen concreta.

            El trabajo no se limita a un espacio o un atuendo, mucho menos al esfuerzo físico. El trabajo también está dentro y fuera de casa. Abarca desde un escritorio al otro lado de la ciudad, hasta la profundidad de la mirada perdida en el rincón de la habitación. El trabajo está en el movimiento y en la quietud, en las palabras y en el silencio. Porque el trabajo tiene tantas formas como lugares en los cuales trabajar. 

María Guadalupe Jiménez Galván 


Comentarios

  1. Pienso que tus argumentos aplican, no solo para quien se dedica a la escritura, sino para toda persona que trabaja con el arte. Fue muy interesante la manera en la que exploraste los motivos por los que algo es considerado trabajo y, a mí parecer, el principal se encuentra en la siguiente frase:
    "Todos y cada uno de ellos realizan actividades que requieren de tiempo, mismo que es aún más valioso que cualquier objeto material porque jamás regresa".

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares