Demasiadas veces
No son suficientes los dedos de las manos ni los dedos de los pies para contar las veces que nuestros padres nos han preguntado que hacemos cuando miramos por la ventana. No respondemos a una pregunta a la que se le atribuyen horrores nocturnos, a una pregunta custodiada por regaños y miradas de desaprobación. Estoy trabajando es una respuesta que puede ser devorada por fauces de lobos hambrientos, por carcajadas que causan escalofríos. El escritor de piel demasiado joven teme que pregunten si hace algo de provecho mientras mira por la ventana, el escritor de piel curtida está tan acostumbrado a ella que simplemente ignora la pregunta. Son demasiadas las veces que esta pregunta ha sido apuntada sobre nuestra cabeza. Hecha por padres preocupados y por colegas enojados por un momento de la vida.
¿Estás haciendo algo de provecho?, es la pregunta a la que tanto se teme contestar. Una pregunta que rompe el encanto en el que nos encontrábamos envueltos, el mundo que, sin existir, habíamos creado. Un escritor le teme a las preguntas sobre su trabajo porque en el mundo actual mirar por la ventana es de tontos. Teme que sus padres se preocupen sobre su futuro cuando el futuro de todos es tan incierto. El escritor calla porque las verdades en su cabeza asustan a la gente, mortifican las noches de sus padres y alimentan monstruos insaciables. No se puede mirar por la ventana y evitar que las ideas fluyan como peces dorados en un estanque. No se puede fingir que no se trabaja cuando de nuestros pensamientos brotan las historias más bellas y también las más tristes.
El escritor tiene un único trabajo que supone miles de noches de insomnio. Que requiere de ventanas cuyos alfeizares están cubiertos de polvo. El escritor guarda las preguntas para el día siguiente porque debe llenar su portafolio con relatos por los cuales los niños sobornan a sus padres y los adultos prolongan sus desvelos. El escritor trabaja cuando no está haciendo nada porque sus historias solo son visibles para sí mismo. Llega a casa y se sienta mirando a la nada que tiene todo. Ignora que la tarde cae porque en sus sueños aparece el rocío de la madrugada. Mirar por la ventana es la aventura más exquisita de todo artista, de un escritor que quiere volver a sentirse vivo. La persona que mira por la ventana ha dejado su cuerpo físico para adentrarse a un universo oculto a simple vista.
Pasan los años y la imagen del escritor sigue intacta. La pluma descansa sobre un escritorio con un desorden ordenado, la ventana sigue conservando una fina capa de polvo que nunca será retirada. Sí, el escritor sigue trabajando en una historia que podría no ser terminada. Mira por la ventana y regresa a escribir un renglón más y si tiene suerte, todo un párrafo. El ir y venir de ella a su material de escritura simula el vuelo del pájaro que va y viene para alimentar a los polluelos. Se puede mirar por la ventana y decir que se está trabajando porque el trabajo de un escritor es perderse en sus pensamientos para encontrar la idea correcta. La ventana se convierte en el catalizador y la unión de ambos mundos, de una idea que nace y necesita ser abrazada.
Se sigue creyendo que mirar por la ventana es una perdida de tiempo. Se nos pregunta demasiadas veces si estamos haciendo algo de provecho que es necesario auto convencernos de que está bien mirar a través de ella. Y aun, bajo todas esas preguntas, el escritor desea llegar a casa y decirle a su madre que sí, mirar por la ventana, también es trabajo.
Gabriela Noemy Chávez Pacheco
Hola :3 me paseo en tu texto a estas horas, porque como dice bellamente tu texto: "Ignora que la tarde cae porque en sus sueños aparece el rocío de la madrugada".
ResponderEliminarMe gustó la imagen de "desorden ordenado".
Definitivamente, es la ensoñación la única forma de trabajar al escribir... Pero también, idear es ciertamente doloroso (aunque satisfactorio). Me encantó esta frase: "El escritor calla porque las verdades en su cabeza asustan a la gente, mortifican las noches de sus padres y alimentan monstruos insaciables". Y no puedo evitar pensar que es porque un escritor no es siempre una persona con feliz y fácil vida familiar.
El final fue... No sé cómo describirlo, quizás como una búsqueda de aprobación: "Desea llegar a casa y decirle a su mamá que sí, mirar por la ventana, también es un trabajo".
Me gustó tu texto :3 espero seguir leyendo más
Por cierto, el final es como un golpe a la yugular, me encanta. :3
EliminarMe encanto tu texto porque sentí muy identificada él. Sobre temer y sentir esa presión por parte de las personas que me rodean. Es como si me hubieras leído la mente. Realmente tienes puntos muy ciertos y sinceros, como: "mirar por la ventana es la aventura más exquisita de todo artista, de un escritor que quiere volver a sentirse vivo".
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