El no hacer eterno
Mis cercanos, no usen palabras que van más allá de su sentido literal. El verbo hacer es complejo y peligroso, porque significa todo. O, por el contrario, puede significar nada si va precedido de un “no”. Con un simple movimiento de labios, han negado mi propia existencia, aquella que estaba ocultándose en la ventana, preparándose para la inminente muerte. ¿O es que, acaso, hemos decidido subir al nivel de Dios para decidir qué vive y qué no? No, ni siquiera Dios tiene permitido jugar con esa palabra. Porque incluso su existencia está regida por el hacer.
El tiempo que no corre, no existe. El viento que no sopla, no es viento. Todos estamos atados al constante quehacer de nuestro propio significado, ya que eso es lo que nos permite seguir siendo parte del mundo. Aun cuando buscamos fervientemente el no hacer, estamos haciendo. Lo cual no es peor noticia para ustedes que para mí, quien precisamente desea alcanzar el no hacer.
Porque yace una excepción a esta cruel vida de trabajo, un concepto que no se ve obligado a hacer: la muerte. Ella es el descanso. Es la ausencia del verbo. Cuando un ave deja de volar, de comer o de respirar, ha muerto. Si el amor de dos jóvenes se desvanece, es porque murió. Dejar de hacer es morir.
Cuando veo por la ventana, hago mi mayor esfuerzo por no hacer, lo cual resulta en una paradoja irresoluble. Sin embargo, no lo hago por deseo de morir, sino por preparación. Porque hay dos momentos durante la existencia que son de suma importancia: el nacimiento y la muerte. Nadie se prepara para el primero, por eso provoca tantas lágrimas. Así, he decido esperar el segundo, tratar de acoplarme lo más posible a él y que no me haga sufrir como la vida. Aunque, cabe destacar que es peligroso; después de un tiempo le he tomado cariño al tratar de no hacer nada.
Madre, no estoy “no haciendo nada” (alguien común como yo no puede hacerlo). No niegues la existencia de tu hija de esa manera. De hecho, si quieres nombrar lo que hago, no caigas en la superficialidad de decir que sólo veo por la ventana. En su lugar, vocifera con orgullo: “mi hija está preparándose para el no hacer eterno”.
Comentarios
Publicar un comentario