El fenómeno enervante y sosegador
El silencio es más ruidoso que el ruido mismo. Por ello es enervante para muchos que prefieren evitarlo, pero no para los artistas. En la música, el silencio desempeña un papel muy importante.Varios son los papeles que juega dentro del arte de Euterpe. Particularmente, el silencio brinda dos sensaciones: reposo y miedo. Descansamos del bullicio diario. Pero a veces su sola presencia es angustiante, porque nos deja a solas con nuestros pensamientos y emociones. Por eso deseamos ahuyentarla, y regresamos al ruido. El silencio es más que la ausencia de sonido: da nacimiento al arte de la cuarta musa.
Para Beethoven, el silencio nunca debía romperse si no era para mejorarse. Cuando estamos a solas, en medio de calladas e incómodas reuniones, queremos hacer plática o inmediatamente encender las bocinas y reproducir una de nuestras listas favoritas de Spotify. Pero la música, en una definición sencilla, es el arte de combinar sonidos y silencios. Por ende, lleva consigo aquello que tanto nos molesta, porque nace de ella. El arte suele mostrar, con una forma bella, aquello que nos genera terror o angustia. El silencio puede generar, junto con el resto de las figuras fónicas, un ritmo particular que le dé personalidad a la obra. También, genera ambientes: ansiosos, de deseo erótico o de melancolía. El reposo es una de sus funciones principales. La música, así como nosotros, necesita descansar.
En los silencios se reposa. Cuando uno de los signos musicales que representan al silencio aparece en la partitura, los alumnos de solfeo, los instrumentistas y cantantes ven una oportunidad de respirar, de tomar impulso para interpretar la siguiente frase. En “La Muerte y la Doncella”, de Franz Schubert, la Muerte, antes de hablarle a la joven mujer que ruega por su vida, respira en un silencio de blanca con calderón –lo que indica que se tomará su tiempo para reflexionar– para luego decirle que su final será placentero. Sólo con la reflexión se pueden llegar a comunicar sosiegas palabras. En un mundo estridente, la afonía llega a ser necesaria por la paz que brinda. Llegamos a amar el silencio porque descansamos del ruido cotidiano, de la ya común contaminación auditiva. Los regaños de los amargados maestros o de los histéricos padres, las burlas de los compañeros, los obscenos piropos callejeros, la música que sale de estéreos de mala calidad, los neuróticos claxones de los coches, los ladridos de los perros que nunca sacan a pasear, la hostil voz del ello y la moralista del superyó: todo esto retumba en los oídos. El silencio otorga reposo, permite resistir. Pero a la larga, se vuelve insoportable, incluso más ensordecedora que la ciudad misma. Por eso deseamos romperla, incluso después de un momento de belleza.
El arte puede llegar a ser abrumador. La música, el silencio y el aplauso son tres momentos auditivos de un concierto, un recital o una ópera que se van intercalando. Comienza con la afinación de los instrumentos, después un breve silencio que concluye con la salida del director al escenario y es recibido con aplausos. Previo a la música, un silencio solemne y ansioso que el espectador espera que se rompa con las primeras notas. Al finalizar, un silencio de apenas un segundo, que pasa a ser interrumpido por los eufóricos aplausos, los gritos de “bravo” y los chiflidos. El público es incapaz de contener su emoción, y con el choque repetitivo de sus palmas eufóricas le demuestra a los artistas la emoción que les han hecho sentir. El aplauso, además de ser un signo de cortesía, sirve para retornar al mundo, conectar nuevamente con el cuerpo, pues la belleza exalta las pasiones, eleva de tal manera que es necesario descender para evitar el vértigo. No aplaudir es imposible, la emoción del espectador debe salir. Pero, ¿y si se dejara existir al silencio posterior a la música?
Este fenómeno es aterrador porque es ruidoso. El aplauso es un gesto de cortesía hacia la interpretación del músico. Pero, ¿qué pasa con nosotros? Definitivamente no somos los mismos después de haber escuchado una obra de arte. Se piensa que la música muere con el silencio, y puede que también por eso ocurra el aplauso, para no dejarla ir. Pero la música nace del silencio, por lo que no muere, sino que retorna a ella. Al mismo tiempo, pasa a habitar nuestra memoria; vive también en nosotros. Basta pensar en el primer movimiento de la quinta sinfonía de Beethoven. La cuestión es, ¿qué es lo que se ha movido en el interior del oyente? Es la reflexión que ha de hacerse, solamente se puede reflexionar en silencio. Por eso es enervante, porque aterra saber que nuestras pasiones han sido agitadas. Lidiar con ellas puede ser difícil, pero hay que atreverse a hacerlo. Es peligroso cuando no entendemos nuestros propios sentimientos Si no aplaudimos, puede que sea una muestra de indiferencia para el músico y su ejecución, pero el silencio no es sinónimo de inexpresividad. Tal como dijo Salvador Elizondo: “El silencio es una de las manifestaciones más profundas del alma”.
El silencio, al parecer, no dice nada, cuando en realidad dice mucho. Justo por eso no queremos escucharla. Pero el silencio es esencial, la música lo demuestra. Sin él, este arte no existiría: La reflexión se da en silencio, las obras artísticas nacen de la reflexión. Por ende, la música nace del silencio. Aunque sea atemorizante, brinda sosiego al bullicio de la vida, nos permite resistir para después salir nuevamente al mundo a existir. Pero tarde o temprano el silencio tiene que hablar: nos hace escuchar nuestro interior. La música remueve nuestras emociones, y el silencio permite saber qué se movió. Pero conocerse a sí mismo es angustiante, por eso, en vez de reflexionar, aplaudimos. Pero no podemos ignorar para siempre la agitación de nuestro interior. El silencio exige también ser escuchado.
Susan Vázquez Mellado Camarillo
Admiro que tengas perspectivas únicas sobre las cosas. Exploras el silencio desde una perspectiva nueva para mí. No imaginaba que el silencio y la música tuvieran una conexión tan profunda. Sobre como del silencio nace la música, de la reflexión del autor. Y que el silencio nos hace escuchar a nuestro interior. Ansió leer tu próximo ensayo.
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