EL TEMPLO DEL TIEMPO
EL
TEMPLO DEL TIEMPO
Muy
aparte de las matemáticas otra materia que suele ser odiada por los estudiantes
es la historia, pues al pensar en ella en automático se viene a la mente
memorizar fechas, lugares, apellidos extraños de personas que realmente nunca
estaremos 100% seguros de su existencia, tener que escribir miles de resúmenes
sobre cada tema que nos pidan.
Esto resulta en una verdadera pena pues a pesar de que ese es su nombre nunca ha sido transmitida a los demás como lo que es, como una historia que contar.
Regresemos
a aquellos días en las aulas, de manera más precisa al primer día en él se
imparte esta materia. Lo primera pregunta que se formula es ¿Por qué es
importante estudiar la historia? Si somos realmente honestos, la respuesta que
muchos daríamos en ese momento sería “Para pasar de curso” (cosa que en esos
momentos podría ser verdad) pero en realidad, este campo del conocimiento tiene
una gran relevancia a pesar de que no siempre se note a primera vista.
Se
sabe que la historia se estudia porque gracias a ella, al pasado y a todas las experiencias
que el ser humano ha adquirido a lo largo de su existencia es que podemos gozar
de todos los avances que tenemos en la actualidad, gracias a la historia y el
pasado de nuestros antecesores es que estamos en este momento.
“Pasa
el tiempo y las generaciones se renuevan, pero el deber que la sangre transmite
no ha de ser olvidado” –Lartis
No
debemos renegar sobre nuestro pasado, pues estamos en este preciso momento gracias
a siglos de historia y sangre que fluye entre millones de seres vivos. A
diferencia de lo que muchas veces se nos ha hecho creer, nuestra historia
pasada está ahí para ser recordada pues gracias a ese conocimiento es que
aprendemos y nos volvemos capaces de predecir y afrontar lo que vendrá en el
futuro y así evitar los errores cometidos, pero mantener las virtudes.
Con
o sin nosotros el tiempo seguirá corriendo como el agua de un rio, dicha fuerza
se llevará a muchas almas, aun así permanecerá intacto aquel legado e historia
que deja cada persona, es ahí donde permanece la trascendentalidad de la historia
humana.
Bien
dicen que el mundo es más pequeño de lo que pensamos, un ligero ejemplo de esto
es cuando en nuestro pequeño círculo de conocidos resulta haber dos o más
individuos que creíamos como seres apartados, pero resulta que también están relacionados
entre ellos de una manera que hasta ese entonces era desconocida para nosotros,
incluso con una simple interacción de apenas dos palabras entre desconocidos
bastaría para que estemos relacionados con alguien más.
Esto
visto desde una escala mayor y quizá desde un punto de vista más filosófico, es
que todos sin importar de que país o ciudad seamos, por pertenecer a la misma
especie, al mismo planeta o dimensión ya estamos conectados.
“Los lugares sagrados nos
permiten vivir una historia de todos en primera persona” - Luis García Montero
Resulta
algo curioso pensar ¿Por qué queremos viajar a otros lugares y observar sus
monumentos? Quizá sea difícil responder en primer momento, puesto que no
estamos relacionados directamente con la persona que realizó dicha obra,
tampoco formamos parte de la sociedad que estuvo presente en la época en que se
elaboró, tampoco somos del lugar en dónde se encuentran expuestas.
Siguiendo
el mismo hilo, pero de manera más cercana con los monumentos y obras que si son
de nuestra región, tenemos una relación más cercana a ellos, pero…Seguimos sin
pertenecer totalmente a ellas, no tenemos algún tipo de parentesco con los
autores que las crearon y de muchas no sabemos ni siquiera su significado real.
Sin embargo, aunque de manera directa no tengamos nada que ver, por el simple hecho de todas esas reliquias fueron fabricadas por manos humanas que pisaron la misma tierra que nosotros hace años, es más que suficiente para que naca en nosotros ese sentimiento de pertenencia tan fuerte, ese sentimiento provocado por nuestra propia historia.
Visto
de manera muy literal, no son más que objetos y lugares que quizá solo sirvan
para que un lugar se vea más bonito.
Con
algo más de análisis, cada obra, artefacto y monumento representa la llama de
la historia de una especie entera que, aunque suene como una fantasía, la
imagen del legado del pasado nos inspira a seguir innovando, a seguir creando y
escribiendo nuestro legado.
Podrán
ser objetos materiales o simples construcciones rocosas, igualmente se debe
reconocer que con solo observarlas y apreciarlas transmiten un millón de
emociones, que inspiran a las personas, que les dan esa sensación de pertenecerá
una verdadera historia. A una verdadera leyenda.
Lugo Martínez Fernanda Daniela
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