La indolencia del silencio

 

¿El silencio es pacifismo o es negligencia? La subjetividad de quien lo mira siempre dará distintas respuestas. Las circunstancias acorralan al sujeto contra un muro, de donde unos salen huyendo y otros optan por el silencio. Esto ocurre gracias a la libertad de toma de decisiones que caracteriza al ser humano. Sin embargo, al depender siempre del silencio ante cuestionamientos de difícil talante, las personas sólo logran autosabotearse. Porque esa negligencia se niega a pensar más allá y elegir qué hacer, qué profesar, o incluso qué pensar. La existencia conlleva elecciones constantes, por eso mismo, la mudez (no elegir nada) parece tan atractiva. Por supuesto, su uso correcto no pretende ningún problema, lo cuestionable arriba cuando el silencio se convierte en indolencia. Porque la naturaleza del mutismo irá siempre de la mano con la evasión del confrontamiento. 

Las discusiones provocan un cansancio mental. Por ello, las personas aspiran a una vida sin ellas. Lamentablemente, eso no es posible. Pedir por una existencia así sería igual de absurdo que desear una vida sin llanto. Siempre que haya más de una identidad en un espacio, existirán problemas. He ahí la complejidad del ser humano; su mayor reto es lograr convivir entre sí. Así, los conflictos nacen. Pero son esos mismos problemas los que convierten a una persona en lo que es, lo que forma su carácter, sus creencias y sus ideologías. Y, para sobrevivir a esta desventaja de la vida, es que el silencio hace su aparición como carta comodín. 

Temer lo que puede generar rupturas, cansancio o daño emocional es propio de un ser racional. En el mundo existen suficientes mentiras como para añadirle la falsa premisa de que la toma obligada de decisiones es buena y se debe disfrutar. Más bien, es de esas pequeñas características de la vida que provocan que esta no sea agradable en su totalidad. Por eso mismo, el mutismo llegó como una tercera opción. Cuando el raciocinio está cansado y el alma no puede tomar una postura ante una discusión, sólo queda no hacer nada. Dejar que la ausencia del sonido reine, y excusarse con que no se tiene una opinión certera. Así, el silencio ante una discusión se hizo la salida que no provoca más problemas. O eso se pensaba, hasta que dejó de ser una carta comodín y se volvió la principal. 

No se debe pasar por alto que los opuestos siempre son los más cercanos. Lo mismo sucede con la salvación que representaba el silencio que, al ser explotada, se convirtió en una nueva perdición. En el momento en que la humanidad dejó de usarla como última instancia y la colocó como una respuesta igual de válida que un “sí” o “no”, la mayoría recurrieron a ella. Por consecuencia, muchos se escondieron detrás del mutismo para ocultar su miedo a afrontar las problemáticas. Resulta una muy atractiva opción frente a conflictos. El silencio se coloca en el centro, no apoya ninguna ideología y, por eso, no hay riesgo de equivocarse al elegirlo. Además, permite la opción de alargar el tiempo y elegir una postura después. No invita a conflictos, ya que es neutral. Si alguien afirma que genuinamente no se siente atraído por ese comodín, estará mintiendo. Es cruel, el humano por fin encontró una buena decisión, pero no puede hacer empleo de ella, puesto que eso significaría abandonar a su esencia. Si siempre mantiene una postura neutral, su propia alma terminará muda en algún momento. Caerá en el abismo de la negligencia y jamás volverá a escuchar su voz interior.  

La mudez no es mala, es el humano quien se volvió adicto a ella. Le dio libertad a su negligencia interior. Por si fuera poco, la paz que otorga el silencio es momentánea, pues las decisiones de la vida siempre están ahí, no se puede correr de ellas eternamente. Incluso cuando la tentación de escoger la opción más simple se mantenga por lo complicado que es tomar decisiones, no es recomendable rendirse. Puesto que, si el humano sigue así, se irá perdiendo. Porque serse infiel a sí mismo y callar con la consigna de que se está en su libertad de guardar silencio, es igual a volverse preso del miedo al afrontamiento.


Irais Luna Granados

Comentarios

  1. Hola :) . Ay, tu texto me parece muy dulce, pero sobretodo intrigante. La idea del silencio como comodín y pronto a ser protagonista es interesante porque al final, se aprende a callar como única conducta.

    Hubieron algunas frases que me gustaron por la imagen que evocan: "cuestionamientos de difícil talante". Pero la que más me caló fue: "La mudez no es mala, es el humano quien se volvió adicto a ella. Le dio libertad a su negligencia interior". Creo que resume sutilmente todo el texto, sobre todo lo de "libertad a su negligencia interior".

    Me encantan tus textos por que
    siempre hay una contemplación tan fina. Espero leerte nuevamente :3

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