La llave maestra

 La llave maestra

«Quien no ha gustado del silencio no saborea la palabra».

Raimon Panikkar, El silencio del Buddha

   El silencio es la llave que abre todas las cerraduras. Y es que todo proceso requiere de una introspección previa, a la que solo se accede al cerrar los labios y abrir la mente. Porque es imposible pensar de forma adecuada mientras se habla. Véase al pensamiento como un lugar resguardado con cadenas, y un seguro cuya llave solo está a disposición de uno mismo. Cuando se libera la entrada a ese valioso tesoro, todo se vuelve posible.

   De modo que, arribar en la infinidad de la mente, es factible con una acción tan simple como lo es el alejarse de aquellos sonidos que nos distraen de nuestra propia existencia. Pues el silencio absoluto es imposible, no obstante, hay sonidos que lo acompañan y no representan distracción alguna; ya sean los que produce la naturaleza o los que percibimos en el silencio mismo; como la lluvia y la respiración. Una vez en lo tranquilo de la soledad, aparece la llave maestra que permite acceder al cultivo del genio.

   Hay quienes evitan el silencio porque no han disfrutado de las maravillas de la mente, o no se han detenido en la contemplación del mundo. A lo mejor esto se debe a que, antes de percibir la belleza, tropiezan con los imperfectos de su persona. No sería ninguna sorpresa, pues, que los primeros candados que se liberan al estar callado, son los que protegen la capa más superficial del individuo. Y son pocos los que, siquiera, analizan los defectos de sí mismos.

   Entonces es justo decir que el silencio también representa un acto de valentía y fortaleza. No se podría afirmar menos de quienes se enfrentan consigo mismos. Y tampoco se podría describir mejor a quienes hacen uso de esta llave para, en vez de abrir el candado, encerrarse con ayuda del mismo y así evitar su participación en un conflicto sin sentido. Por lo que el silencio por sí mismo permite una postura, y comunica una idea.

   Sí, el silencio, contrario a lo que se podría pensar, no es más que otra forma de comunicación. Antes de seguir se debe ser consciente de una cosa: el mundo está delimitado por el lenguaje y, en consecuencia, la manera en que se percibe la vida es desde tal punto. ¿Y cómo podría ser de otro modo? Si gracias al silencio se abre la cerradura que da paso al diálogo con la esencia misma del ser. No sería, pues, errado suponer que en el silencio no existe el ruido, pero es porque el mutismo del espacio permite la sonoridad de la mente.

   Entre las posibilidades brindadas por esta llave, destaca la que, en opinión de muchos, es la encargada de alimentar el espíritu artístico. Y no me refiero a otra que a la contemplación, aquella que es, con gran diferencia, el epítome del silencio. En la contemplación se distingue dicha falta de sonido presente en el todo, y es gracias al mismo que se aprecia la belleza. Porque al estar en tan sublime estado, se es capaz de captar cómo «los “vacíos” de sonido son el “pleno” de los sonidos; las sombras de un cuadro son el “realce” de los colores; las pausas en la música, el “latido” de las notas»[1]. En la contemplación se reencuentra con la exquisitez de las expresiones de todo tipo, por eso, después de esta, cada palabra que se pronuncia es degustada con total detenimiento.

   La llave maestra, ampliamente mencionada, abre, también, la entrada al sendero que conduce al descubrimiento del sentido. El silencio, acto personal y saludable, es relativamente sencillo de lograr, y cuyas recompensas sobrepasan la cuota que exige para alcanzarlo. Por qué temerle, entonces, a dicha falta del sonido, si en él es que se encuentra la genialidad del humano. Claro, es necesaria una gran convicción y resistencia para abrir las puertas que descubre el silencio, pero nadie ha negado que solo los osados se aventuran en los imponentes caminos de la introspección para obtener una pepita, pura y fulgurante, de las verdades más excelsas.

Emmanuel Barajas Salmerón

Notas:
[1] El lenguaje no es sólo palabras habladas, pictóricas, musicales, etc; es palabra y silencio juntos. No hay palabra sin silencio; el silencio está en el interior de cada palabra (…), es el puente de unión de los sonidos. Los “vacíos” del sonido son el “pleno” de los sonidos;  las sombras de un cuadro son el realce de los colores; las pausas de la música, el latido de las notas. El silencio y la palabra, M. Federico Sciacca; (1961).

Comentarios

  1. Tu introducción me pareció maravillosa. Me encantó la frase de enganche, porque invita a seguir leyendo, a saber a qué te refieres con que el silencio es la llave. Es totalmente cierto, solo en el silencio las obras de arte nacen, y solo en él uno se puede conocer a sí mismo, lo cual es enervante.

    Todo tu texto me pareció maravilloso, Mane. Felicidades. Buen uso de las citas, por cierto, fue muy orgánico incorporarlas, porque luego interrumpen la lectura.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares