MPEDEL
Demasiadas
explicaciones
Al mirar por la ventana, el mundo no es lo único al que vemos. Observamos reflejado
en los objetos materiales un mundillo interiorizado de ideas en constante reorganización,
uno que, al escribir, siempre se ve oculto por la corporeidad humana. Al filo
del asiento y ante un eterno y seccionado cristal es donde se empieza a
trabajar. El más sentido pésame a los padres de aquel singular personaje quien
con su mente trabaja, pues son incapaces de ver más allá de lo que su
percepción les permite; una persona mirando a través de la ventana. Así que ésa
es la pregunta, ¿cómo le explicar a los padres que, al mirar, el escritor está
trabajando?
Cómo explicarles que se busca inspiración cuando miramos el jardín de
afuera. La flor de mayo, ya hace un rato florecida, se vuelve un catalizador de
esas ideas que cuando no se buscan organizar, se buscan encontrar. En la
petunia (botón en constante búsqueda por florecer) se advierte que la primera
idea surgida en el intelecto, tal vez no es la mejor para escribir. Pero el
jardín es sólo una de las presencias materiales que ayudan al mundillo del
pensamiento; cualquier cosa fuera de la habitación es capaz de aportar. Sin embargo,
explicar lo intangible a una sociedad basada en lo tangible es el reto del
observador.
No ayuda en nada a este reto la concepción que suele tenerse de “trabajo”.
Los padres y la sociedad en general han crecido con la idea de que el trabajo
debe hacer que el sudor recorra de arriba abajo la frente, por lo que la imagen
mental de alguien trabajando desde la comodidad de su ventana es bastante incómoda.
La aparente “pasividad” en la forma de trabajo del humanista ha llevado a que
otros sectores afirmen que éste mismo es un flojo que no hace nada. La verdad
es que el humanista trabaja con el raciocino, con constantes ideas e hipótesis.
Esta pregunta es en muchos casos devastadora, pues es un cuestionamiento
con el que se cargará el resto de la existencia. Entonces, ¿para qué pasar la
vida entera dando explicaciones? Mientras uno reconozca el valor de su propio
trabajo las explicaciones sobran. ¿cómo explicarles a mis padres que estoy
trabajando cuando veo por la ventana? Tal ve no haya necesidad de hacerlo, tal
vez lo único que hay que hacer es continuar mirando, continuar perdiéndose en
lo que hay fuera de la habitación.
Al final, este tipo de preguntas son inevitables y, hasta cierto punto,
fungen como un ritual de iniciación para quien trabaja con las letras, una
iniciación a una vida llena de cuestionamientos a cerca del oficio y que sin
duda forjan el carácter ante una familia que nunca dejará de cuestionarse el
trabajo, no mientras permanezcamos mirando a través de la ventana.
León Felipe Ramírez Martínez
Me gustó el camino que elegiste para responder la incógnita del ensayo. Fue completamente inesperado el "tal vez no haya necesidad de hacerlo, tal vez lo único que hay que hacer es continuar mirando, continuar perdiéndose en lo que hay fuera de la habitación". No obstante, me pareció una contestación muy real, la que la mayoría de los que nos dedicamos a este oficio aplica. ¿Para qué gastar nuestro tiempo, si al final obtendremos incomprensión? Mejor invirtamos esa energía en lo que nos gusta, en lo que solo nosotros sabemos su importancia.
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