Narciso Aniquilado en su Reflejo
Narciso Aniquilado en su Reflejo
Jamás conocerás Weimar, ni la casa amarilla; porque eres piedra olvidada de Avebury. Jamás irás a Mallorca, donde resonaba una gota de agua. Jamás conocerás la belleza de Shibuya azul en la epifanía de su bullicio. En tus ojos momento de madrugada, vislumbrarás tu habitación. Y no harás nada, porque es el único lugar que conoces.
Y qué burda será la ensoñación, la cita soltada al aire: “Los lugares sagrados nos permiten vivir una historia de todos en primera persona”. Conocerás que eres nada, que el mundo no te recordará; porque a los lugares sagrados también nos aniquila el tiempo.
Ya no hay balcones cabalgados por sombras. Hay solaz y llanto oculto en ese fantasma del presente. Su intangible silueta busca ser coloreada nuevamente. ¿De dónde vendrán los escombros? Ni siquiera te has ido, tal vez jamás te irás. Es lo que somos. Tienes un único destino.
“Ven, ven, ven, aléjate, deshazte de ti”, todo se repetirá, como un ciclo sin fin. Al oírlo llorarás con inapagable augurio: se acrecienta tu soledad en un espiritual recoveco. Eres el eco de su polvo. Ya no puedes más, eres tu propio sueño de la infancia; ese que negaste contar a tus padres. Hay peso en tus pies, se arraigan hasta Mesopotamia y te dejan varado, cuando la civilización ha caído.
¿Y quién carajos puede comprender cómo recordar un complejo muy complejo, que ha sido para ti una simple figura? Es capital, mausoleo, cúpula y una sensación esdrújula, siempre acentuada a la mitad de la palabra, varado en el camino. Y como no te mueves, te atropellarán. Que ganas de no dejar de existir.
¿Qué es Ítaca sino un destino inalcanzable? Ya nadie visita a Cristo en el Abismo. Cuanto más se anhela, más se transmuta en un pedazo de cuántica mal explicada, regodeada de su inflexible sentencia.
Caminarás, luego, con el tumor de tu espalda. Sí, caminarás. Pero sigues abandonado. Te mueves, cual vaivén hacia tierra firme. Ves la familia, la ropa, la infidelidad de Marta, de Gaspar y de los hijos. ¿Cuándo la casa se convirtió en una tienda? Fragmentando sus momentos. Va gimoteando una niñata, vendiendo sus tesoros. Ya no es ni hogar, ni templo; ayer se murió el padre y lo demolieron. Aqueste es un zapateo. Aquesta, sal inhalada por la lengua.
Ya no quieres. Yo tampoco.
Se deshicieron de ti: persona, monumento. Qué desgracia, qué alegría. Queda más y más espacio. Jamás conocerás otra vida, ni siquiera la tuya. ¡Cómo deseas ser alguien más, tener otra fachada! Sin embargo eres nula bendición, ausente milagro estructural. No reposas en el banquillo; apenas retozamos.
Te mataron, ya que no puedes albergar a nadie más. Hasta Narciso, frustrado, detesta su imagen. Eres de todos, de todo, pero nadie te reclama. De qué manera se osa usar de espejo a una almeja. El más verdadero reflejo es el Uno demolido. Eres, somos.
Apenas retozas, a veces arrastrándote, hasta que se deshacen de ti. Aunque te miren, jamás te restaurarán. Y verán en tu descascarillada pintura, las grietas de su rostro. Mundo ¿Acaso, le importas? ¡Y las historias son del mundo! Empero nunca mías, nunca tuyas. Jamás iré a Varsovia, porque la respuesta es que jamás habrás estado ahí. Cuando somos, nada nos convertimos.
Soy nada, y quizás tú también lo seas.
Bartolano Diez Marina Alison Jezabell.
- "Los lugares sagrados nos permiten vivir una historia de todos en primera persona", de Luis García Montero.
No sé qué decirte, hay tantas cosas en tu texto. Pero sí sentí algo: enojo, el enojo de que los lugres mueren, que los dejamos morir lentamente, que no les damos una segunda oportunidad. Hablamos de la importancia de sitios sagrados, cuando hay casas desmoronándose, muriendo. Es como si esos lugares estuvieran vivos, y sientes su agonía, sientes su dolor. Me encantó tu texto. Sabes que me gusta mucho cómo escribes.
ResponderEliminarMuchas gracias, me alegro de que se transmitiera ese enojo y frustración que sentí mientras reflexionaba. Los lugares están vivos, y las personas también somos, como me gusta decir, ciudades de paso. Muchas gracias, de verdad te agradezco tu lectura :3
EliminarMe gusta, me gusta. Las referencias, las imágenes que se pincelan en la mente con la sencillez de las palabras, pero que van cargados de significación: Shibuya azul, la casa amarilla, las piedras de Avebury, el Cristo en el abismo, Narciso, la arquitectura... Parece una mezcla entre una visión onírica y el discurrir mental, el tiempo parece fragmentado, pero casi al final parece volver al principio. La idea de no ser nada, de no la búsqueda de significación, de esencia, en una carrera contra el inclemente tiempo, y al final parece que sólo lo perdemos todo o quedamos en solitud, "se acrecienta tu soledad en un espiritual recoveco". Y a imposibilidad de mantenerse cuerdo siendo completamente realista, necesitamos la fantasía, el anhelo. Me recuerda mucho una frase de un show que decía: "Ningún organismo vivo puede mantenerse cuerdo bajo condiciones de realidad absoluta. El silencio oprimía incesante la madera y la piedra y todo lo que caminara dentro, lo hacía en soledad”. Somos nada, las cosas son nada, porque nada fueron antes de serlo y nada lo serán cuando termine esta vuelta. Ali, me encanta cómo escribes y espero seguir leyendo tus textos.
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