Olvido

 Olvido

            En donde los ojos no pueden ver nada, la mente recuerda todo. Aquellos lugares que algún día fueron habitados, atestados de recuerdos cuentan miles de historias entre el silencio de la noche. Como un murmullo que se mezcla con el viento y los ruidos externos, la historias que jamás llegarán a oídos de un mortal se encierran en lugares arrinconados y olvidados. Como muchos de estos lugares, los corazones de unos cuantos son habitados por un tiempo para después perderse en el olvido. Y como todo lo cotidiano que se vuelve temporal, al final desaparece, pero lo duradero se encuentra en los recuerdos, aquellas historias que se impregnan en la mente. Porque hay tantos lugares aparentemente vacíos pero repletos de historia, de recuerdos, de un pasado inolvidable y tal vez tan desconocido a tal punto de ser inalcanzable.

            En los rincones oscuros de la ciudad se cuentan historias por las noches para apaciguar el silencio del olvido. Estos lugares que parecen vacíos representan el hogar de alguien en el pasado, en el presente y en un futuro. Alguien que nunca se conocerá en un presente inmediato. Estos lugares almacenan historias de todo aquel que pasa entre sus muros o escombros, incluso por instantes. Porque como las personas; las calles, casas y ruinas también tienen una historia que relatar.

            Dicen que nada está completamente vacío y es que aún en la supuesta nada existe algo. El hogar abandonado encierra un vacío a falta de muebles, personas, risas, familias, pero se llena de los sucesos que algún día presenció. Atesora la historia de una familia que ha emigrado a otro lugar. Así como también acumula los recuerdos de niños y adultos que se quedaron y de aquellos que transitan por el frente. Arropa del frío a personas y algunos animales por las noches. Y se convierte en un hogar para una flora que se apropiará de las ruinas del olvido. Las casas abandonadas, aunque inmersas en el olvido de sus propietarios nunca están vacías, porque incluso en el vacío existe algo.

            Si bien es cierto que lo material tiende a perderse en el abandono, aquello que está lleno de vida también puede caer en cierto olvido. Las personas que con el paso de los años conocemos se desplazan hacía un final, que puede estar tan cerca o tan lejos como se pueda imaginar. Algunas se mudan al baúl de los recuerdos, otros a un lugar inexistente en el que se desvanecen con el tiempo. Pero cada corazón se acomoda según lo considera la mente, es así que no solo abandonamos casas o lugares, sino también los corazones de aquellos que llegaron en el camino.

            En ese camino tan largo que se recorre y con tanto que se descubre, demuestra lo momentáneo que puede ser el vagar de un lado a otro y todo lo que uno se encuentra en ese andar. Como cuando se va por la calle una tarde lluviosa que da como resultado un vistoso arcoíris que pronto se apagará, ese suceso se disfruta en el momento y se resguarda en la memoria. Todo aquello que acontece día con día se guarda o se desecha en la mente de quien lo vive. Por ello, los recuerdos almacenados en la memoria son tan valiosos, nos recuerdan un poco de nuestro pasado, de lo valioso que fue algo en su momento. Porque las cosas y sucesos únicos son tan fugaces que nunca vuelven a ser iguales por mucho que se les busque.

            Los lugares abandonados con su vacío nutrido de recuerdos nunca mueren. Se encuentran en los lugares más oscuros de la ciudad, pero con las historias que susurran al viento perduran en el tiempo. Tal vez nunca se tenga certeza del pasado de aquel lugar, posiblemente resulte una banalidad. Porque la vista nunca se distrae a mirar por la ventana intentando indagar lo sucedido en los sitios abandonados. La fugaz mirada que se les dirige y la rapidez con la que se olvidan difícilmente permitirá conocer dicha historia. Por lo que solo quedarán pequeños destellos de vagos recuerdos acerca de estos lugares. Mismos que la mente olvidará, de la misma manera en la que extravía las memorias de los muchos corazones que visitamos en la vida. Y aunque suene triste nunca habrá lugar tan bello como el desarreglado hogar abandonado que, en su enorme vacío material resguarda millones de anécdotas que nunca se perderán en el tiempo porque, aunque los ojos no puedan ver nada la mente lo recuerda todo.

            María Guadalupe Jiménez Galván

Comentarios

  1. Me gusta pensar que los recuerdos son de las cosas más valiosas que poseemos. Lograste expresarlo de manera hermosa. Por ejemplos, los lugares. Las casas abandonadas o viejas tienen una historia única. Los recuerdos y la historia son un tesoro.

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