Para Emilio

Por Roberto Osornio

"I lost a friend

Like keys in a sofa

Like a wallet in the back seat

Like ice in the summer heat ".

I lost a friend, canción de Finneas O'Connell


¿Cuánto ha pasado?, ¿tres meses?, creo que sí, aunque no estoy seguro si de verdad ha pasado, no estoy seguro de sí vi a tu papa morder su mano derecha con su mano izquierda en un vaivén de ansiedad, su pulgar recorría los dedos de la otra mano como si los contara para ver si seguían ahi o como si buscara esa mano -¡la prodigiosa mano!- con la que encestabas veinte puntos por partido, no estoy seguro si escuché como la regadera se llevaba las lágrimas de tu madre como si todo su cuerpo se escurriera entre la coladera. A veces mi papá me tiene que recordar que si pasó. Y lo lamento, lo había olvidado hasta que esta semana Dafne me dio a leer uno de sus textos, de esos que por buenos te consumen y te vuelven a escupir poniendo mal las piezas donde según tu las tenías. Mordí por un segundo el sabor del olvido pero las redes y las cuatro lineas de la cancha, ¡joder!, me quitan el bocado de la boca y me arrastran junto con él hasta nuestra infancia, ahi hacia nuestros lugares sagrados.

No te voy a mentir, una parte de mi sigue enojada contigo, pero no por tratarme mal en los entrenamientos, en el bus de regreso a casa, en los partidos; eras un grano en el culo a veces; pero no, no estoy enojado por eso, sino porque te fuiste y no pudimos jugar ese último partido en la duela en que crecimos, con los chicos que merodean siempre en mi memoria, con el entrenador que me daba miedo, en el lugar al que veces no quería ir porque era duro y me hacia llorar, pero que ahora solo ruego al cielo que me dé un último tiro libre en la línea de veintiuno donde resolvíamos y olvidábamos nuestros problemas.

Desde hace tres meses mantengo cierta distancia entre el sueño y yo así como con las canchas. Te odio por eso, por hacer de mi lugar seguro una pesadilla. Es difícil volver a tocar el balón porque en todo momento vienes a visitar mi mente y conquistar mi mirada, como si todo lo que viera lo viera a través de tus ojos ahora inertes. Es por ello que mientras caminaba con Dafne en las canchas azules y el patio de juegos, miraba y entendía porque te enojaste tanto en ese juego que perdimos por una paliza, entendí porque llorabas en esa estatal en que fallé el último tiro de tres y no te la pase a ti que estabas justo a mi lado; sin embargo, a pesar de odiarte profundamente, en ese momento, cuando Dafne me preguntó si estaba llorando, bebí de un sorbo la sutileza eufórica con la que me abrazaste cuando ganamos el juego gracias a una jugada mía, y, ahí, en el patio de juegos de las canchas azules, te sentí, abrazándome. 

Emilio, ¿qué te asfixio?, ¿fue el amor al juego o fue la mierda del mundo?, ¿fue el amor propio o fue el amor de alguien mas?, así que dime, ese mensaje que pensé en enviarte y no te envié, ¿te hubiera salvado?, porque yo sé que no éramos tan cercanos, no como tú y Aron, como tu y Robert, ¡carajo! años que no hablábamos, ¿tres tal vez?, no lo sé, pero tu dime, ¿te hubiera salvado?

Ese mensaje decía: "hey, hermano, te invito a una reta aca en mi pueblo". Así que, Emilio, la invitación sigue en pie, aquí te espero o tu esperame allá, en la cancha.

P.D.: Llevaré mis tenis.


Con cariño, Betito.



Comentarios

Entradas populares