Piélagos de ruido


Sabes que estás con la persona correcta cuando puedes pasar más de cinco minutos en silencio, y no te sientes incomodo. Las palabras son el semblante que define la sociedad del hombre. Analizadas desde cierto punto de vista, se puede decir que son un arma de doble filo, capaces de herir así como de curar a las personas. Sin embargo, en el mundo desorganizado y rico de los lenguajes, vemos al silencio y como niños, sentimos el mismo miedo que al ver un cuarto a oscuras.


El miedo es un instinto natural del hombre, está ahí para protegernos de aquello que no conocemos, de lo nuevo. Lo desconocido al principio siempre nos genera rechazo, el rock en los sesentas, la primera vez que te dejan tus papas solo en la escuela, estamos aterrados al cambio. La gente se acostumbra muy rápido a las cosas, mientras que olvida lo viejo de forma apresurada. Si es que algunas vez sabíamos lo que era el silencio, ahora está olvidado, y ya no podemos resistir los días sin el ruido.

Consideramos al cambio como un mal presagio. Cada vez que conocemos nuevas personas, lanzamos bombardeadas de preguntas con tal de “romper el hielo” esperando así conocer “mejor” a la persona. Todo sea por “socializar”, ahora, una vez que atisbamos el lugar, procedemos a parlotear acerca de todo lo que nos dijo esa persona. Sin descanso, estamos obligados a demostrar que nuestra personalidad es atrayente, interesante, atractiva y criticamos a los que no nos siguen como pericos en una jaula pequeña.

Pero entre el piélago de ruido que es estar en la ciudad. Cuando las rutinas se vuelven una normalidad, y la caras de las personas en la calle se tornan borrosas, encontramos pequeñas islas afónicas, con las que podemos descansar. Hacer cualquier cosa y sentirnos cómodos. El ambiente adquiere un tono anaranjado y el cielo se para. Y las palabras se vuelven poca cosa, cuando te das cuenta del significado que puede dar el silencio a las personas.

No importa con quien sea ese silencio, o en donde sea. Caminando entre las calles con suelo de cantera, manejando un coche en la carretera mientras el viento hace bailotear el cabello; cuando se está bailando entre el gentío y lo único que hace que se sigan los pies son los ojos que no se pierden de vista entre ellos. Amamos a aquellos que nos confortan solo con su presencia, y nos dice con su olor o gestos, lo que muchos tardaron años para poder expresarlo con palabras.

Somos criaturas sociales, y necesitamos las palabras para poder comunicarnos y expresarnos, mas estas no son la única manera de relacionarnos. A veces la observación, el cuerpo o el silencio nos puede decir más que cualquier palabra. Y ahora, en los tiempos en los que vivimos, es capaz de indicarnos cual es la persona correcta.


Comentarios

  1. Definitivamente pienso que tus textos son agudos. El inicio fue atrapante.

    Personalmente, me conmovió mucho esta imagen: "Cuando las rutinas se vuelven una normalidad, y la caras de las personas en la calle se tornan borrosas, encontramos pequeñas islas afónicas, con las que podemos descansar". Me gustó la figura de "islas afónicas" en contraste con la ciudad.

    Me gustó tu texto :3

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