Querida amiga...

Es habitual como personas entrar a círculos sociales y estar en la búsqueda de amigos. Tratando de hallar personas que tengan nuestros propios intereses, donde podamos sentirnos en completo confort. Anhelando poder encontrar una amistad duradera y sincera como lo es, un mejor amigo. Sin embargo, cuando por fin sentimos que la encontramos, suceden circunstancias que podrían cambiar el ritmo de unos mejores amigos. Situaciones que los separan y hacen cambiar como se sienten alrededor del otro. Provocando que no tenga más remedio que buscar una forma de olvidar y proseguir con su propia vida. Siguiendo pasos para dejar atrás ese memorable vínculo. Recordando, perdonar y resignarse ante la astilladora. El perder una amistad tan preciada es difícil de asimilar. Por eso no le queda más que recordar. Intentando iniciar un proceso de cierre entre ella y la persona. Hoy por hoy te escribo una despedida, un lamento y un hasta pronto para mi querida amiga.

Querida amiga, con los años, meses y días pasar, me hace recordarte y pensar en todas aquellas pijamadas que nunca pudimos hacer en la casa de la otra. Todos los planes que quedaron pendientes. Y como suponíamos que siempre estaríamos a lado de la otra, sin importar que. Aunque debí darme cuenta de que nuestra amistad no duraría en cuanto dejaste de sonreírme. Seguía esperanzada a que todo volviera a ser como antes. Solo sufriendo viendo aquellas palomitas azules, sin recibir alguna respuesta de tu parte. Te consideré la mejor amiga que pude encontrar, pero el destino, tal vez la vida, no permitió que siguiéramos adelante con nuestra pequeña amistad.

Querida amiga, hoy te recuerdo con una sonrisa en mi rostro y un "nos vemos pronto". Si es que nos llegamos a encontrar, salúdame sin remordimiento que yo nunca estaré enojada contigo. Después de este tiempo, puedo aceptar y asimilar que ya no seremos más amigas. Pese a que me provoca tristeza que al final no se pudiera arreglar, no olvides que me preocuparé por ti. 


Nuestra amistad fue pasajera sin querer. Dejamos de vernos frecuentemente. Olvide lo que era tocar tu puerta y abrazarte con cariño por no habernos visto en semanas. Sentirme realmente cómoda en tu casa como si fuera propia. Tuve la oportunidad de probar los platillos que hacía tu mamá para nosotras y sin olvidar las noches de películas. Recuerdo con nostalgia, todas las veces que nos dolía el estómago de reírnos sin parar. 

No comprendí que fue lo que nos alejó. Las responsabilidades, la escuela o tal vez nuevos amigos, nos distanciaron. Dejamos de hablar todos los días como antes. Un par de veces, intente ignorar lo que en verdad estaba pasando y seguir con normalidad. El miedo se apoderó de mí. El pensar la posibilidad de que nuestra amistad se desvaneciera no me permitía preguntar directamente. Me doy cuenta de que la lejanía y la distancia jugaron en nuestra contra. Dejamos de ser unidas y poco a poco ese vínculo desapareció. El chat que usábamos para divertirnos y comunicarnos quedo olvidado. Solamente nos quedamos con recuerdos de lo que fue.

De vez en cuando, cuando los recuerdos me asfixian, reviso por casualidad las fotos que tenemos juntas. Extrañando a las chicas que éramos cuando recién nos conocimos. Aquellas que creían que su amistad sería hasta que alguna de las dos se volviera una anciana sin recuerdos.  Porque ahora nos convertimos en unas completas desconocidas.

Tal vez divagando y un poco extrañándote como mi amiga. Me encuentro caminando cerca de donde vives. Todo el tiempo por accidente, tal vez acostumbrada a visitarte. Dudosa de como actuaremos si es que nos llegáramos a encontrar. Aun cuando nuestras casas no se encuentren cerca, alguna vez podemos tropezarnos y no deberíamos evitar un saludo. Únicamente dime “hola” como una vieja amiga y no necesitarás quedarte a platicar conmigo. 


Ahora, mirando hacia atrás, me doy cuenta de todos aquellos errores que ambas cometimos. Tú no apareciste en un día tan especial para mí. A pesar de que comprendí las excusas que me diste, deseaba que me acompañarás. Tampoco estabas cuando más te necesitaba. Requería un abrazo y palabras de aliento, sin embargo, no recibí ninguna muestra de apoyo. Y yo, al parecer, hacía mucho por ti para recibir nada a cambio. A veces, sí es que necesitabas mi ayuda, no era la persona adecuada para aconsejarte, sintiéndome insuficiente. No podre mentir, cuando recién dejamos de hablarnos me sentía afligida y sin ánimos de conocer a más personas. Sentía que todo el tiempo iba a pasar por lo mismo. Conocer a la persona, empezar una amistad, hacernos más unidas y al final separarnos.  Ahora estoy resignada y acepto el lamentable fin de nuestra amistad. Deseando que encuentres confort en otra amistad y que a mí no me recuerdes con tristeza, solo que puedas sonreír recordando lo que vivimos. 

Por mucho que me cueste, es momento de llevar a cabo la resignación. 


Después de cierto tiempo, puedo comprender todo aquello que la decepción me nublo la vista. La tristeza me permitió culparte y excusarme de todo, pero ahora lo comprendo. Nuestra amistad fue importante para ambas, pero por circunstancias externas no pudimos seguir hablándonos por el tiempo que creíamos que sería suficiente. Fue lindo mientras duro. Nos divertimos, salimos y vivimos experiencias increíbles juntas, pero el tiempo ha terminado para nosotras. Será uno de los recuerdos más agradables que tendré. Siempre regresaré cuando considere necesitarlos, sonriendo y deseando que estés pasando otros momentos con nuevas amistades. No me molestaré si eso pasa, porque querida amiga, te desearé de lejos que puedas encontrar personas sensacionales y dispuestas a formar una amistad contigo. 


Siempre nos dicen que tenemos que hacer amigos en cuanto llegamos a nuevos lugares. Nuevas escuelas, nuevos vecindarios o incluso nuevos compañeros. Tener la disposición de conocer a distintas personas. Convivir con los que están a nuestro alrededor y estar en la búsqueda de una persona que podamos considerar “mejor amigo/a”. Aquel que entre en el papel del amigo más cercano. El que pueda ser capaz de escucharnos y apoyarnos en cuanto lo necesitemos. Además, su presencia será de importancia en los sucesos significativos de nuestras vidas. Esperando que el cariño, aprecio y confianza permita que la amistad dure por largos años. Por más que surjan barreras o situaciones que podrían alejar a un par de típicos amigos, la relación de mejores amigos, permanezca a flote. Permitiendo que algunas veces se reúnan con la intención de ponerse al corriente de lo que pasa en sus vidas, trayendo al presente memorias y momentos divertidos.

No obstante, no en todas las relaciones de mejores amigos pasa que después de algunos años sigan siéndolo. Por muchas razones, se separan y encuentran a otros amigos que pueden suplir él “papel”. Se dejan de hablar por completo, convirtiéndose en un par de desconocidos con recuerdos similares. Y surgen así los pasos que cree necesitar para olvidar una amistad tan importante. 

El recordar se vuelve constante. Cualquier objeto o lugar que formo parte de un momento valioso, si se vuelve a presenciar por casualidad en la actualidad, se revivirá el momento incrustado en nuestra mente. Sintiendo de nuevo la ausencia. Extrañando a ese amigo y deseando volver a la amistad que eran. Luego aparecerá el enojo, suponiendo que la otra parte cometió suficientes errores para causar la distancia y debió intentar reparar el desastre que causo. No entender lo suficiente las razones. 

Y finalmente la resignación. Aceptar que tal vez, aunque se apreció bastante la amistad, ya no hay modo de repararla. Es mejor entender, por fin, que hubo razones de por medio para terminar la amistad. Solamente quedarán los bonitos recuerdos guardados. Perdonarse mutuamente. Desear lo mejor al otro, confiando en que si alguna vez se les permite encontrarse puedan saludarse sin pesadumbre.

-Karla Jazmín Hernández Martínez

Comentarios

Entradas populares