Silere mordaz: Las voces del Silencio anhelan esencia.
Silere mordaz: Las voces del Silencio anhelan esencia.
Xavier Angeles Venegas
“(...)la historia es flujo y reflujo, un eterno subir y bajar. Nunca un derecho se ha ganado para siempre. A la humanidad siempre le será cuestionado cada nuevo avance(...). Precisamente cuando ya consideramos la libertad como algo habitual y no como el don más sagrado, de la oscuridad del mundo de los instintos, surge un misterioso deseo de violentarla.” Zweig
“Tener o no un final feliz depende de dónde decidas terminar la historia” Orson Welles
¿Alguna vez has escuchado el silencio de cerca? ¿Te has entretenido en deshilar las hebras de minuciosidad, con la esperanza de hallar algo infinitamente valioso?
A mí parecer existen tres tipos de silencio, está el superficial, que es una clase de ausencia. Es el más simple de reconocer por su frialdad y pesadez que, al mismo tiempo, es sencillo de ignorar. El medio es un anhelo, una clase de querencia por rellenar los espacios con la calidez de una palabra como un gesto o roce. El tercero, al que prefiero llamarle profundo, es agobiante. Es el más complejo de reconocer porque parece ocultarse en las esquinas, siempre al acecho, siempre rodeándolo todo.
Este último silencio deja ver sus ecos reverberando en lo tangible, en el propio contexto, en las cosas que uno piensa, en las cosas que uno puede hacer, en los privilegios que acorazan del entorno. Oír las voces que se aferran al silencio profundo no es difícil, si tienes la disposición; podrás quedarte en quietud completa y escuchar lo que tienen que decir, como uno escucha las historias del abuelo, una tranquila noche de invierno, alrededor de la mesa de la cocina.
Escuchar estas voces no es enrevesado, lo verdaderamente difícil, radica en dejarlas de escuchar cuando te escuecen los tímpanos, cuando sus garras alcanzan a perforarte la piel, en su fatídico intento por escapar del abismo, cuando necesitas hacer algo por ellas, para devolverles la paz y la tranquilidad.
Hoy, el enfoque es ese mutismo profundo: el centro de este ensayo. En el ensordecedor sosiego, el melodioso orfeón nos llama, entre silencios que nunca terminan, nos habla de todos los que nos precedieron. De todos aquellos a los que les debemos el lugar que ocupamos. Nos cuenta de todas las personas que entregaron sangre, sudor y lágrimas. Nos recuerda, entre gritos enmudecidos, que debemos hacer algo por los que vendrán.
La mayoría de los logros parecen acallados, no llegan a disfrutarse, porque la incisiva pregunta parece quedarse en puntos suspensivos… ¿Todas las personas gozan de los mismos derechos y oportunidades? El festejo parece no alcanzar a cruzar el umbral del año nuevo cuando uno recuerda que los feminicidios, la violencia y los crímenes de odio están aún a la orden del día, transgrediendo la poca libertad y el derecho a ejercerla que queda ya.
La humanidad atraviesa de nuevo, una coyuntura en la que se están poniendo las luces sobre temas que mucho tiempo permanecieron en las sombras. En aquel tiempo donde el poder de algunos era suficiente para extinguir un nombre, una libertad, una pasión, sin importar las consecuencias. Pero, ¿qué tan atrás ha quedado ese pasado si parece que nunca ha desaparecido?
No, no se puede dejar pasar por alto porque no vivimos en un paraíso idílico donde todas las personas gozan de las mismas libertades. Nadie debería entregar su vida por una causa, nadie debería luchar por la igualdad. Todos deberíamos gozar de los mismos derechos sin condenar a nadie, sin excluir una sola alma. Discriminar a una persona por su sexo, por su orientación sexual, por el color de su piel, por las creencias que decida llevar es anti-mexicano y cruel.
Durante mucho tiempo, las voces tuvieron que refugiarse entre las sombras, ocultándose, las que tuvieron la oportunidad de expresarse fueron amordazadas a su precipitado final. Hoy, escuchar las voces del silencio es una obligación. Hoy luchar por esas voces es un acto de rebeldía. Hoy, defender las voces de los transgresores es una necesidad.
Quedarse callado y no hacer nada es sostener la misma vara que ha reprimido a tantas voces antes. No tomar acción es ser cómplice de la misma opresión. Hoy uno no se puede dar el lujo de favorecer a algunos mientras la gente muere, no regresa a casa, o sufre su vida, antes de que puedas terminar de leer esta oración.
La historia tiene sus ojos fijos, puestos en ti, con el corifeo de las voces obnubiladas en el tiempo y la historia, entretejiendo el Silencio. ¿Qué es lo siguiente que harás? En ese momento donde todo parece detenerse, donde todo se reduce a la siguiente acción que tomarás. ¿De qué parte de la historia estarás?
Comentarios
Publicar un comentario