Vuelo de Viruta

 Vuelo de Viruta

Levante, la cortina.


El mundo se encontraba entre el follaje del fresno. El juvenil vaivén a merced de la dureza de las ramas, del vetusto y veloz movimiento de sus raíces. El fantasma reflectante en la pared. El vidrio entintado por las huellas del riego matutino. Era traspié, casi titubeante, otro traspié. 

 

Era óleo transparente. ¿Cómo decir que no estás perdido?


Está más cerca la rama que la espina. Casi como el grillo que merodea, me imagino la sombra; de lejos, luego la casa; el astrolabio perdido y que ya no necesito. Musita el frufrú de la falda con la acera, de la falda con la acera. Cada paso es el hilo de un encaje.


Ha pasado tiempo.


Cuando el asiento es solo un bodegón más en un álbum familiar y las siluetas, recortes burdos; el cielo baja y los cirros son espuma dorada. Como llaman quedamente, lanzan un baúl repleto de estampas para vestir. Su voz cruje tenuemente, caminan. Tras la lluvia plateada cantan los canarios en la tarde.


Todo es, al despertar, un sueño; al soñar, todo es un despertar.


En la esquina, se derrama el vino blanco de un hirsuto arbusto. Soñé que la corriente de la laguna saltaba, pero era cerro y ciudad, labrada en minutos, sobre cadáveres, como ceniza.


El sol pelea a la contemplación, la admiración del mundo y los susurros se ausentan entre las flores exóticas, en esas figuras no endémicas. Ya lo saben.


Quizás, miré antes de enunciar el obituario. Sin saber que hay funestas cunas, se sonrojó mi consciencia, se escaparon mis aves azules. Había una sombra detrás de la ventana, un fardo no retornable en la pupila. Cuánto más salvaje se movía, más libre se sintió.


El haz vislumbrará los caminos que no se han de tomar. Así que divago. La limerencia entre los puntos de fuga y el encuadre del paisaje, difuminarán los límites. Las suelas sisearon con interrogación imperativa, casi fatales, casi abogadas de la extrañeza. Es imposible contestar cuándo se extenderán los falanges para emprender el vuelo de la viruta. Su ceja, aquella que han heredado, solo se va alzando en súbito ojo perlado. ¿Y qué decir, qué callar ante el incomprensible descuido del hermano o hijo viajero?


Desaparecen las puertas, la soledad yace vetada y la pluma al lado de uno es la única fachada. La más reciente fotografía, en el momento de su silencio arrebatado, se aniquila. Pronto, trazaré su epitafio. Sin saberlo han erigido la tumba de la ilusión.


Habla el mundo, y yo tampoco quiero ver. Con el oído en la almohada, el reloj se invierte. No ha pasado tiempo, se van con retazo de suspiro. Crujen tenuemente, no caminan. 


Pero,... ya es otro día.


Alison Jezabell Bartolano Diez Marina

(Ensayo lírico)


Comentarios

  1. Es un hermoso y curioso trabajo. No puedo expresarlo con palabras, es como entrar otro mundo. Mencionaste cosas, como "todo es, al despertar, un sueño; al soñar, todo es un despertar", con las que me explotaron la cabeza.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares